Exiliados.


¿No os gustan los trenes de los viernes? Tienen algo especial, ¿verdad?.


El aire, en los trenes de domingo, es más irrespirable. La gente es más reacia a esperar, a soportar el sillón reclinable y hasta a subirte la maleta.


Y es que para casi todos, en esa tesitura, las ciudades resultan románticas desde muy adentro o mientras te alejas. Nunca de cerca, y nunca, nunca; a las que regresamos.


Últimamente, regresar es volver a empezar. Empezar a cubicar el modo de volver a coger ese tren; para volver a sentir lo mismo.


He aprendido los precios de todos los trayectos, pero aún sigo sin darme cuenta de coger los mejores descuentos, no hay remedio. Es la ansiedad, no hay duda.


Es fácil saber el precio de las cosas, pero es difícil conocer el valor de las mismas.


Fotografía: Allan Michael. Old Train, Interior, from 1950



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