Hoy he leído la historia de un preso que cada día leía en su celda la frase que otro había escrito: «afuera siempre creyeron en vos». Me he mirado las manos, empañadas de culpa y vacío. He notado esta tristeza mía, furiosa, cabalgando sobre mi lomo, hundiéndome en el polvo. He sentido de nuevo la bola de cemento que me cuelga del pecho desde hace un tiempo. Me he dado cuenta de que huir de uno mismo es correr hacia las cosas que nos dañan. He acariciado las costras de mis heridas, estos recuerdos que uno llama aprendizaje y a mí me duelen como el frío, este frío que uno llama supervivencia y a mí me duele como la vida. Sé que no soy más que esto: viento que llega y alguien sopla hacia otro lado. Un pájaro sin alas, una habitación sin ventanas, una presa sin celda. Entonces has entrado como una brecha de luz hiriendo mi cielo enfermo, una frase para otro cayendo en mis ojos, una voz que dice: «yo creo en ti». Y he sonreído como se sonríe a la esperanza, tranquila, tras estas...
Noto mucho dolor en esas palabras...
ResponderEliminarNo te haces una idea...
ResponderEliminarsi nos devolvieran todo lo que hemos querido, así de golpe, sufríriamos un colapso por sobredosis de amor, y a ver qué hacemos con tanto...
ResponderEliminarAbsolutelly de acuerdo contigo E.,
ResponderEliminarDe todas formas, ¿sabes qué?. Me apetece compartir mi amor conmigo misma y nadie más durante algún tiempo. Igual ésta sí se convierte en una historia de amor real. ;)
YEAHHH!!!!
ResponderEliminar