El olvidado hábito de no habitarnos

Me dijiste que debíamos olvidar todo lo que nos habíamos hecho para que esto pudiera funcionar.
Y lo hice, amor, lo hice.
Y mientras me reprochas por todo y devuelves todo al mismo sitio donde estaba antes; piensas que sumar "cero" no es una resta, pero lo es.
Mientras olvido todo lo que me hiciste y entiendo todo lo que hice,
olvido también - sin querer- tu manera de acariciarme,
tu facilidad para hacerme reír,
tu fortaleza cuando me elegiste (¿?).
Te voy olvidando entre un daño y otro,
entre negaciones y rechazos.
Entre ni un sólo día de paz. Ni uno.
No deja de sorprenderme cómo no puedes ver el daño que
nunca dejaste de hacer, culpándome incluso del futuro,
por un pasado que te empeñas en sacar,
y la absoluta falta de respeto hacia alguien que nunca te abandonó.
Me quieres y me odias dependiendo con qué parte. Y también, depende del día.
Siempre quise entender por qué te avergonzabas de mi, por qué cambias la intención de las palabras que digo, por qué no aceptas mi opinión. Te encantará saber tres cosas: la primera, que te voy olvidando y ya no recuerdo ninguna buena intención hacia mi persona. La segunda, es que voy a darme otra oportunidad. La tercera, que he asumido que no me quieres y eso me ayuda a la segunda.





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