Las preguntas pasajeras
Hoy hubiera sido un día especial.
Especial porque de haber sabido alejarme(nos) de las personas, tendría que
haber hecho una llamada.
No me quiero imaginar lo nerviosa
que hubiera estado.
2018. Desde luego la historia no
tiene que ver nada con lo que marca el calendario. La deciden las hecatombes,
los sucesos, las guerras… El siglo XX terminó un 9 de noviembre con la caída del
muro de Berlín. Para algunos, la infancia termina cuando se es consciente que
los padres son mortales; para mí lo fue cuando ocurrió un accidente de tráfico
y la adolescencia termina cuando te das cuenta de que los adultos no tienen razón
o… que no son admirables.
He llegado a la conclusión que la
inocencia y rebeldía son el vehículo de la vida; todo lo demás: amor, sexo,
mando… son parte del nudo.
El desencanto y las ilusiones
perdidas son siempre (o demasiado a menudo) el desenlace.
Todas las “hecatombes” de mi vida
han acabado – por suerte – con una batería de preguntas esenciales, que cambian
los capítulos a través de las propias respuestas que les voy dando.
No sé cuáles me haré en el
próximo 2018, a pesar de todo eso; no se cumplen años, se cumplen periodos. Se
cumple salud, enfermedad. Se cumple ilusión o desengaño.
Me imaginaba hace unos meses nerviosa y expectante esperando
este día. Las preguntas han cambiado. Una sola llamada que no se realizará
implica que ya no iré a lugares donde no se me espera.
Este año que se nos va ha estado lleno de momentos que jamás
pensé que podría sobreponer y que me han hecho aprender.
Cumplamos ilusión o desengaño
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